En este post, te contamos los factores clave para que puedas identificar si tu hogar es realmente sano. Además, compartiremos contigo algunos consejos para que tu vivienda sea más saludable. ¡Sigue leyendo!
¿Qué significa tener una vivienda saludable?
La pandemia nos ha hecho pasar más tiempo que nunca en casa, incluso en momentos que no habíamos imaginado, como el trabajo y el ocio. Nos hemos dado cuenta de lo importante que es estar cómodos en nuestro hogar y tener una casa en la realmente nos sintamos a gusto. En definitiva, una vivienda que nos aporte bienestar. Pero ¿es eso una vivienda saludable?
Si no sabes qué es una casa saludable, no te preocupes. ¡Nosotros te lo explicamos! Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la vivienda saludable es “un espacio residencial que promueve la salud de sus ocupantes, un refugio que sustente un estado de bienestar físico, mental y social”.
Pues eso, hablando claro, una casa saludable es un hogar en el que estás bien de verdad. El lugar donde te sientes “como en casa”, sin pasar frío ni calor. Con luz natural, zonas de interior y de exterior y con espacios acondicionados para el teletrabajo.
Quizás pensarás, “pues una casa cualquiera”. Pero tristemente no es así. En España, 25 millones de hogares son energéticamente ineficientes. Es más, sus materiales y su calidad de construcción los convierten potencialmente en nocivos para la salud de todos sus habitantes. Y esto, naturalmente, afecta a su clasificación como “casa saludable”.
Empieza por fuera: los factores externos para conseguir una vivienda saludable
1. Aire:
El aire exterior está lleno de micropartículas que afectan a su calidad. Este aire, que puede ser puro o tóxico según sus micropartículas, también se cuela en el interior de tu casa. Si vives en una ciudad, el aire suele tener más partículas que afectan a los sistemas respiratorio y cardiovascular. Este aire puede influir incluso en el desarrollo de cáncer. Por otro lado, si tu casa está en una zona rural, la calidad del aire seguramente será más pura, aunque si vives cerca de áreas industriales, la toxicidad del aire augmentará.Pero no todo viene de fuera. El aire interior de una vivienda también está impregnado de partículas: polen, polvo, ácaros, humos y olores. Por tanto, es fundamental que ventiles todas las estancias de tu vivienda con frecuencia y renueves el aire interior. Más allá de abrir las ventanas, también puedes renovar el aire interno mediante sistemas de filtración y purificación e instalaciones de ventilación mecánica. Incluso, tener plantas dentro de casa, también contribuye a la transformación de tu hogar en una vivienda saludable. ¿Por qué? Porque las plantas ayudan a purificar el aire del interior de tu casa.
Así que recuerda: el aire en tu casa es extremadamente importante. ¡Tanto el exterior como el interior!
2. Ruidos:
Quizás te sorprenderá, pero no es solo cuestión de comodidad. El ruido provoca problemas de audición y estrés, y altera tus sistemas cardiovascular, endocrino y digestivo. Por supuesto, la ubicación de tu casa condiciona mucho la exposición al ruido. La clave para evitarla o minimizarla es tener un buen sistema de aislamiento del exterior. Y no solo en paredes o techos, sino también en las ventanas.
Pero también viene de dentro: los factores internos que influyen en tu camino hacia una casa saludable
1. Iluminación:
Uno de los factores que más valoramos en una vivienda, ¿verdad? La entrada de luz natural durante las horas de sol es imprescindible y ayuda a reducir la tensión ocular y la irritabilidad, además de contribuir a la regulación de los sistemas metabólicos. Por eso es importante aprovechar al máximo todos los puntos de entrada de luz natural en nuestro hogar.
2. Climatización adecuada:
Aunque el bienestar térmico depende de la temperatura de cada persona, lo más indicado en una vivienda saludable es una temperatura entre 23 y 25 grados en verano y entre 21 y 25 grados en invierno. ¿Qué pasa si tu casa no está a esta temperatura? El frío puede afectar a tu presión sanguínea y elevar tu ritmo cardiaco. Por el contrario, el calor en exceso te puede provocar deshidratación, infecciones o problemas respiratorios y cutáneos.
3. Humedad:
Las viviendas saludables tienen una humedad en torno al 45%-60% en verano y el 45%-50% en invierno. Tendrás más o menos humedad en casa según el aislamiento térmico de tu vivienda. Un exceso de humedad puede provocar la aparición de dificultades respiratorias y alergias porque hay más ácaros y hongos. Por el contrario, si el ambiente en tu casa es demasiado seco y hay menos humedad de la recomendada, seguramente experimentarás sequedad en la nariz, la garganta y en las mucosas y los orificios de los ojos.
La salud de tu vivienda afecta a tu propia salud
En definitiva, ¿qué queremos contarte con todo esto? A la vista de estos factores, podemos decir que la configuración y calidad de los espacios interiores afecta a nuestra salud, no solo física, sino también mental. En este sentido, la pandemia ha demostrado que la distribución y ubicación de una casa puede influir entre un 5-20% en nuestra salud mental.
Ahora te estarás preguntando: entonces, ¿cómo puedo transformar mi casa en una vivienda saludable? Te lo contamos: dale protagonismo a la luz natural, revisa el aislamiento exterior para evitar problemas ocasionados por el ruido, la humedad o los cambios de temperatura.
Además, presta atención al entorno de tu vivienda y su cercanía a espacios verdes para conseguir una ventilación optima que purifique el aire de tu vivienda. Ah, y no te olvides de colocar plantas, que ayuden a purificar el aire.
Ya lo sabes, tu salud también depende de tu hogar. ¡Pásate al modo sostenible con Vivegreen!